Derechos de los Pueblos e Internacionalismo

Los Derechos Humanos y los Derechos de los Pueblos no son contradictorios. Defensores/as  de territorios, bienes comunes y derechos representan a un colectivo que los hace y los nutre. Los territorios, los lugares donde se concretan y materializan esos derechos, son espacios de construcción social, donde sujetos políticos se relacionan de manera permanente, dinámica, ancestral y cultural en la gestión de los bienes naturales que permiten su supervivencia, y son también, el lugar donde se reproduce y habita en primero de los territorios: el propio cuerpo;  Es en el propio cuerpo donde se efectúan las violencias que perpetran violaciones a derechos humanos y derechos de los pueblos. Las amenazas y ataques a las personas que luchan por la defensa de la vida son cada vez más frecuentes, acciones que representan violaciones flagrantes de sus derechos humanos. Estos abusos forman parte de una trama más amplia de derechos transgredidos, entre ellos la violación de derechos de los pueblos: a la tierra, alimentos, agua, y al ejercicio de prácticas tradicionales y ancestrales, así como al funcionamiento de sus propios sistemas judiciales, entre otros.

En este contexto las clases populares construyen tejidos que hacen posible la supervivencia, a diferencia del capitalismo que considera a una gran parte de la población, desechable. Necesitamos un cambio de imaginario, una conciencia colectiva que nos ayude a descolonizar nuestro pensamiento, un cambio de sistema social y productivo, así como también un cambio de vínculo entre géneros y con la naturaleza. Y debemos ir bien lejos: no alcanzan nuestras luchas territoriales, necesitamos proyectos populares internacionalistas y solidarios sin fronteras, donde lo más importante sea la dignidad humana y la vida misma.

José Martí pensó en la Patria Latinoamericana, y así la sentimos, somos parte de algo más grande que nuestro país mismo. Este ser parte de otros también nos habla de una autonomía con corresponsabilidad e interdependencia. El internacionalismo no sólo se trata de ir a otros lugares a hacer cosas. Se trata de contagiar un espíritu de lucha por el bien común, de compartir lo que se tiene, de unidad en la adversidad y no sólo en la diversidad. No ayudamos, sino nos ayudamos. Es una opción de vida y valores que resignifican la patria. 

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