¿Y ahora qué?

Se levantó el corte en Gualeguaychú, y se levantaron también voces a favor y en contra de la medida adoptada.

Un fallo internacional cuestionado, una nueva arremetida de los gobiernos, argumentos varios, pedidos de monitoreo, etc., todo en el ámbito de las palabras, y muy poco o nada en el plano de la acción para solucionar el problema real. La pastera sigue funcionando sin licencia social pero con el aval del modelo de desarrollo dominante.

Tanto en la industria del papel como en cualquier otra, los impactos negativos que el sistema capitalista genera sobre las personas y el ambiente (“externalidades”) son inherentes a su lógica de funcionamiento mercantilista, por lo cual sin un cambio de modelo no hay cambio de fondo posible. Producción para el corto plazo, distribución inequitativa, desprecio por la naturaleza, y consumo desenfrenado para unos pocos son las características propias desde donde se gestan y se necesitan estas industrias depredadoras.

La radicación de empresas transnacionales en los países más empobrecidos del mundo se promueve utilizando, entre otras justificaciones, el débil argumento que tienen los gobiernos de dichos países de obtener inversiones y generar empleos, sin considerar durante cuánto tiempo esos empleos pueden mantenerse, para lo cual hipotecan sus bienes naturales devastando ecosistemas nativos y provocando graves y prolongados impactos sobre la población.

En el sur de Sudamérica, los gobiernos locales cuentan con el aval y la complicidad de las instituciones financieras internacionales para crear condiciones que favorecen la instalación de empresas forestales y la consolidación de los monocultivos en la región. Dichas condiciones son:

  1. el bajo costo de la tierra, que permite la formación de latifundios por parte de las industrias y los grandes inversores

  2. el incentivo por parte de subsidios promovidos por las políticas económicas locales

  3. la eliminación selectiva de impuestos que crea condiciones de privilegio

  4. la mano de obra barata, debida a la falta de empleo

  5. las reglamentaciones ambientales poco estrictas que redundan en controles más permisivos que en otros países del mundo

  6. las características propias del clima y el suelo favorecen el desarrollo de los cultivos

Es en gran parte por ello que las industrias forestales y celulósicas han avanzado profundizado su extensión territorial en los últimos veinte años, consolidando sus actividades extractivas y productivas, con el apoyo de capitales extranjeros y nacionales que han invertido sumas millonarias en ambos rubros.

La pastera UPM (ex BOTNIA) es un eslabón más de toda una cadena de producción contaminante que evidencia con sus humos, olores y efluentes sus efectos nocivos. A pesar de los acuerdos y tratados preexistentes, se siguió adelante con el proyecto de construir la planta hasta hacerlo efectivo, porque el poder de las multinacionales con la complicidad del poder político le siguen haciendo el juego a este sistema que tan poco nos da y tanto nos quita.

Pero el problema es aun mayor, porque para que esa industria se instale en donde está, antes se crearon condiciones propicias para hacerlo. Una de ellas fue la forestación con pinos y eucaliptos en miles de hectáreas a ambos lados del río Uruguay, para tener la materia prima al alcance de la mano. El avance sobre los ambientes nativos, el desplazamiento de comunidades originarias y campesinas, la destrucción de la biodiversidad, la pérdida consiguiente de soberanía alimentaria, la contaminación con pesticidas y herbicidas, las sequías, etc. son algunas de las graves consecuencias que generan los monocultivos para la industria. Pero, como son árboles, pueden no dejar ver los problemas que generan, porque sus promotores se han encargado de machacar con la idea de que cualquier conjunto de árboles es un bosque. Y esto no es cierto, porque entre otras razones, la función ecosistémica y social de un bosque va mucho más allá que el proveer materia prima para una pastera, a lo que sí se reduce una plantación industrial, generando un peligroso desequilibrio.

Las voces del descontento se han hecho escuchar durante años y se han utilizado distintas estrategias que fueron dando sus frutos. El camino por recorrer sigue siendo largo porque hoy está plagado de árboles alineados, de la misma especie, y casi idéntico código genético, de la misma edad y para el mismo fin: alimentar a una pastera que alimenta a un sistema avasallador y destructivo.

El corte se ha levantado ¿y ahora qué?