“Para nosotros el territorio es un ser vivo”

Mariela Turián es autoridad Casqui Curaca de la Comunidad Tulián del Pueblo Nación Comechingón, San Marcos Sierra, Córdoba. Lleva una vida de luchar por su territorio, donde se incluyen montes nativos cordobeses, ricos en propiedades energéticas y plantas medicinales. En “Zoncoipacha – desde el corazón del territorio – El legado de Francisco Tulián” investigó y demostró la soberanía de su comunidad en San Marcos Sierra, tanto por derecho ancestral como por antecedentes jurídicos.

En los últimos años se ha dedicado también a invocar ante la justicia los derechos de su Pueblo en contra de Ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos y regulación de Bosques Exóticos de la Provincia de Córdoba (9814), complementaria a la Ley Ley Nacional de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos N° 26.331, y sus modificaciones.

Antes de hablar, aclara que sus respuestas tendrán un cargado contenido jurídico -que ella bien conoce- pero también que son resultado de su lugar como referente de una comunidad indígena. En ese sentido, sus palabras invitan a la apertura hacia una cosmovisión que nada tiene que ver con la lógica extractivista de mercantilización impuesta por las empresas, pero que se relaciona en cambio con lo más profundo de su identidad: el vínculo vital con el territorio.  

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¿Por qué se dice de la Ley de Bosques Cordobesa que es una “Ley de desmonte”?

La ley N° 26.331 que es la ley de bosques nacional, conocida como de presupuestos mínimos, si bien tiene sus falencias, es una ley protectora. En Córdoba, desde un principio, cuando se habló de modificar la ley y adaptarla a la provincia, allá por el 2009, se armó una comisión, un grupo de trabajo para el diálogo con la sociedad y las organizaciones. En aquel entonces y primeramente, las comunidades indígenas nunca fueron convocadas.

Yo estuve en ese diálogo pero nunca fue apuntada mi presencia ni reconocida la de las comunidades indígenas, según marca la ley nacional, en la provincia de Córdoba. Y no son incluídos los derechos de las comunidades indígenas. Si bien en la ley anterior se habla de las comunidades, nunca se nos dio participación plena ni reconocimiento de nuestros derechos como es debido y constitucional. Ahora, esta ley es todavía mucho más permisiva. Nosotros ya en 2009/2010 decíamos que era plantear una ley de desmonte. Porque en verdad se permitía paulatinamente un desmonte selectivo en los campos cada dos años. Cada ese período volver a probar un plan de desmonte selectivo en campos en zona roja, donde no no debería aprobarse ese tipo de emprendimientos. Por eso se la llama ley de desmontes.

Ahora, la modificación que la legislatura se propuso el año pasado es una modificación aún mucho más nefasta porque, por ejemplo, se elimina el artículo de la ley provincial que prohibe el desmonte químico. O sea que de alguna manera se le da lugar al desmonte químico. Además, con el argumento de que en el noroeste cordobés y en otras zonas no hay trabajo, se plantea traer trabajo a esta zona de escasos recursos pero a partir de emprendimientos como las empresas mineras y madereras. Se plantea el bosque exótico como parte de la ley, algo que no puede ser, porque la ley es para la protección del monte nativo. Esta modificación se titulaba de protección del bosque nativo y regulación del bosque exótico y eso es totalmente contradictorio a lo que debería ser el espíritu de esta ley.

En las instancias participativas en las que, como vos mencionabas, no se le dio participación a las comunidades indígenas ¿qué rol se le dio a las empresas?

Claramente son las empresas, y algunos empresarios en particular, los que vienen motorizando la modificación de esta ley en Córdoba. Es el caso de los productores del noroeste cordobés, que tienen sus intereses ya creados y claramente son los que discuten en la legislatura, los que siempre han participado en las comisiones y a los que se les presta voz. Muchas veces incluso, en las relatorías de las reuniones que se hicieron en legislatura, había quien apuntara la presencia de estas empresas o empresarios. En cambio, en muchas ocasiones en que hemos estado las organizaciones prestando nuestra opinión, no se anotó nuestras manifestaciones. Siempre lo recalcamos y pedimos que se nos respetara por igual, pero no sucedió nunca.

¿Cuáles son los principales cambios que ustedes proponen para la ley y para el tratamiento de los bosques en general?

Tanto a nivel provincial como general hay propuestas muy específicas. Por ejemplo, que se prohíba el desmonte químico; que se respete la prohibición -hay una ley provincial- sobre la minería a cielo abierto. En este momento, hay un emprendimiento llamado Los Gigantes que propone minería a cielo abierto. Eso claramente va en contra de una legislación de los noventa.

Más allá del respeto a las leyes a nivel nacional y las leyes protectoras del bosque nativo, se propone el respeto a las comunidades indígenas. Accionamos a partir de la idea de que somos una comunidad indígena y somos los únicos que vamos a apelar a estas leyes.

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Específicamente, las comunidades indígenas desde siempre hemos vivido en los territorios más ricos en recursos naturales. Esto es por una relación de sentido común pero también por una relación espiritual con el territorio. Por ejemplo, las comunidades indígenas del pueblo Comechingón se han asentado siempre alrededor de los ríos, los cursos de agua. Y eso es una relación que si se quiere es lógica. Pero también hemos creado desde tiempos inmemoriables una relación energética con el territorio. Todos sabemos que los centros donde hay recursos minerales generan polos energéticos en el planeta. Por nuestra relación particular con esos polos, es que las comunidades hemos vivido en los territorios de recursos minerales, o nuestros centros ceremoniales se han ubicado allí.

Según la legislación que ampara a las comunidades indígenas y sus derechos, esa relación entre el territorio y las comunidades debe ser respetada por todos los Estados. Esta es una legislación que nace desde el artículo 75 inciso 17  de la Constitución Nacional. Incluso el inciso 22 toma con rango constitucional los acuerdos y convenios internacionales que amparan los derechos indígenas. Así surge, por ejemplo, el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo)  como un convenio nacional con rasgo constitucional que nos da el derecho a reclamar nuestra participación y obliga al Estado a buscar el consentimiento -libre, previo e informado- de las comunidades indígenas para establecer cualquier emprendimiento sobre nuestros territorios ancestrales.

Por eso, las comunidades en Córdoba presentamos un recurso de amparo apelando a este derecho específico del consentimiento libre, previo e informado, para pedir el archivo del proyecto de ley, porque desde un principio se violó nuestro derecho a la participación. Como nosotros, desde el principio y desde ningún punto de vista, participamos; correspondería que el proyecto se archive. Aunque la justicia cordobesa no aprobó este recurso de amparo.

En tu libro definiste al territorio como un ser vivo ¿Podrías ampliar este concepto?

Es muy claro: para nosotros el territorio es un ser vivo. Donde nosotros vivimos tiene una forma distinta a las formas de un cuerpo humano: en nuestro territorio hay tres corazones, hay tres pulmones, tres cerebros. Esos corazones, esos pulmones y cerebros, tantos pies y tantas manos, todas esas zonas son sitios energéticos, porque tienen minerales específicos. Esos sitios regulan la energía y los sentimientos del mundo.

Nosotros tenemos en nuestro territorio sitios que se comen el miedo del mundo, que limpian la palabra del mundo. Eso para nosotros es defendernos, y defender el equilibrio y el buen vivir, no sólo de nuestro territorio sino de todo el mundo.

Nosotros tenemos una relación muy especial con la Madre Tierra. La Madre Tierra es un ser vivo, una gran energía que nos ampara y que siempre ha sido custodia de la vida. Jamás podríamos entendernos como personas que (sólo) caminan y deambulan en el territorio. Nuestra identidad y nuestro motivo en la tierra es ser parte de este entramado de vida y defender a nuestra Madre Tierra. Es muy sensible entonces cada uno de estos sitios y no podríamos permitir que estos sitios sean dañados.

Lamentablemente, a veces la legislación indígena también nos ciñe a un territorio específico: podemos hablar y defender nuestros derechos sobre nuestro territorio ancestral por sobre todas las cosas, pero no podemos quedarnos fuera de la discusión en toda la provincia de Córdoba. Esta ley de aprobarse nos afectaría a todos.

Además, como comunidad indígena apelamos a los derechos del Pueblo-Nación Comechingón y por eso presentamos el recurso de amparo a nivel provincial.

Desde el punto de vista de la biodiversidad,las plantas medicinales por ejemplo, y los saberes ancestrales que ustedes guardan ¿Qué sienten se subestima en estas discusiones?

Esa es una pregunta muy clave. Una de las pretensiones de la modificación de esta ley que está tratándose en la legislatura de Córdoba, plantea el pastoreo intensivo. Esto desde una concepción distinta del monte nativo. Ellos consideran monte nativo sólo al monte alto. Y el bajo, donde están los renovales  y las yerbas medicinales, perdería esa caracterización.  Ellos pretenden entonces traer la empresa bovina a nuestra zona y, para eso, rolear el monte bajo y hacer allí caminos para la ganadería intensiva.

Eso es nefasto desde muchos puntos de vista. Primero, porque en unos años ya no tendríamos este monte que hoy tenemos, porque no se permitiría la renovación del monte. Pero también, atacar las yerbas medicinales es atacar directamente nuestra cultura, nuestra forma de vida. Para nosotros, la medicina parte de lo ancestral, de las yerbas y plantas del monte mismo.

Estas plantas brindan medicina que no podría jamás elaborarse en ningún laboratorio. El chañar, por ejemplo, es un árbol que nos brinda la medicina de la comprensión de procesos vitales. Por mencionar un caso, cuando una pareja se ha separado y alguna de las dos partes no comprende el ciclo que se ha cerrado en su vida, lo mejor que hay es consumir chañar, sobre todo casero porque se pasa la medicina por el proceso del fuego, uno de los elementos de la Madre Tierra, durante dos meses o tres si la separación es altamente conflictiva. O por ejemplo, si una madre pierde a su hijo, se consume casé de chañar durante 9 meses, el tiempo que se ha tenido al niño en el vientre.

Todos estos procesos vitales son de difícil comprensión para el ser humano y son parte del ciclo de la vida para nuestro territorio. Las plantas, los espíritus de las plantas, los espíritus ancestrales de la medicina comprenden eso y nos colaboran. Por eso, esa relación tan particular que tenemos con el territorio no puede ser fracturada por decisiones políticas. A eso nos resistimos.

No existen alternativas en nuestra sociedad actual a lo que nos brinda el monte nativo.

Y todo eso se subestima bajo la lógica extractivista de las empresas…

Sí, tenemos experiencia en eso. Hace unos años atrás, por ejemplo, en San Marcos se detuvo un camión que venía cargado con dos mil kilos de incayuyo, una hierba medicinal básica muy importante para nosotros. Se le confiscó la hierba porque el vehículo no llevaba una guía de ruta, ninguna documentación que avalara el tráfico de esta hierba. Para la justicia, es prácticamente lo mismo que el camión fuese cargado de dos mil kilos de incayuyo o de marihuana. Políticamente, en el imaginario colectivo, no es lo mismo. Si hubiese sido marihuana hubiese salido en las noticias nacionales, pero como es incayuyo no se le dio importancia. Para nosotros es muy grave la situación: vemos como va retrociendo el espacio ancestral que desde tiempos inmemoriables han ocupado las hierbas medicinales. Y eso modifica a nuestro buen vivir y nuestra relación con el territorio.

Entonces, ¿la presencia de las comunidades originarias es un compromiso con el cuidado de ese territorio?

Sí. Nuestra identidad tiene sentido en el marco de lo que hacemos, de aquello en lo que realmente somos activos. No tiene sentido llamarse miembro de una comunidad indígena si no somos artífices del desarrollo y buen vivir del territorio. Lo que para otros es progreso, para nosotros es buen vivir. Nunca vamos a aceptar que se coloque como paradoja estos conceptos, ni vamos a dejar de intentar clarificar estos temas. Vamos a seguir luchando por lo que para nosotros es el refugio de nuestra cultura. Eso es el monte nativo. Sin monte nativo, no tenemos identidad.

¿Qué peligros y amenazas implicó para ustedes defender su soberanía y a los bosques?

Hemos recibido infinita cantidad de amenazas. Hemos recibido agresiones. De hecho hay personas imputadas. Yo, particularmente, he hecho muchas denuncias por amenazas pero no he sufrido agresiones fuertes más que un empujón o golpe aislado.

Pero, en el año 2014 creo, uno de mis hermanos y el jefe regional de policía ambiental fueron violentados y secuestrados durante cuatro horas. Fueron muy agredidos. El policía ambiental fue obligado, bajo punta de pistola, a escribir un acta donde dijera que todo estaba bajo normalidad en una reserva forestal donde, desde entonces y hasta ahora, se está vendiendo y construyendo.

Esto es grave porque se estafa a la gente pero también hay gente  permite que eso suceda, porque por comprar económico o barato aceptan comprar algo que es de todos. Y hay políticos que miran para otro lado y no intervienen en la situación, pero a la corta o a la larga, alguien va a tener que hacerse responsable.

Los Estados mantienen cuentas pendientes con los pueblos indígenas. Ha habido genocidios y despojos que son deudas para la sociedad en general. Mientras no se salden, va a seguir el daño a la Madre Tierra, porque no nos damos cuenta que, así como la historia es común a todos, la Madre Tierra también. Y a todos nos acepta, porque estamos todos en un mismo ciclo de vida.

El Estado no escucha  ¿Hay grupos en los que sí encuentren respuesta?

Hay algunos sectores ecologistas, o que entienden la lógica de la madre tierra, y hay sectores que sólo entienden la lógica empresarial. Creo que no pasa por un partido político o sector, sino por las sensibilidades personales. Nosotros hemos encontrado aliados muy fuertes en el Frente de Izquierda pero también incluso en el Pro. Por eso te digo, no pasa por un sector político sino por la sensibilidad particular de las personas.

Incluso en el sector de las ONG y ecologistas, hay quienes se resisten al reconocimiento de los derechos indígenas.  Eso es grave porque no hay comprensión de la lucha de fondo. Ésta no es una disputa por el territorio, sino una cuestión de  reivindicaciones pendientes.

Mientras no se reconozcan un montón de cosas que nos pasaron en el pasado y de las que nos tenemos que hacer cargo todos como sociedad, no vamos a poder construir hacia el futuro nada que realmente nos incluya a todos.

Nosotros siempre decimos que, en definitiva, el Estado Argentino nunca forjó un contrato social con las comunidades indígenas. El contrato social implica que el Estado sea también responsable de la supervivencia de las comunidades. Hacerse cargo de la supervivencia de las comunidades es hacerse cargo de la supervivencia de la Madre Tierra y sus recursos, porque desde tiempos inmemoriales hemos habitado y construído una relación inmemorial con los centros energéticos donde hay una importantísima biodiversidad y recursos ambientales.

Los pulmones de la Madre Tierra han sido siempre refugio de las comunidades indígenas. Defender y seguir proyectando la vida de las comunidades indígenas en el tiempo, es proteger a la Madre Tierra y seguir proyectando la supervivencia de sus recursos en el territorio, sin tocar, para que nuestros hijos y nietos también puedan disfrutar de una armonía y un buen vivir en todo el planeta.

Energéticamente hablando, ¿cómo se diferencia el bosque de otros territorios?

Cada planta, cada hierba medicinal, cada animal, tiene un espíritu. Y los seres humanos no somos superiores a cualquier tipo de ser, somos todos iguales. Incluso las rocas tienen una energía particular, tienen en su interior la circulación de una energía específica. Eso científicamente puede probarse; hoy en día tenemos una base científica que puede probar eso que ancestralmente hemos repetido.

Esa circulación energética forma un entramado de vida que está en constante interrelación. Para nosotros, un monte nativo que contiene, por ejemplo y acá es muy común, chañar, incayuyo, suico, paico, algarrobo,otras hierbas medicinales. Para nosotros representan un núcleo, un complejo conglomerado de vida. Siempre muy particular, muy especial, porque en general las hierbas medicinales en las laderas de las sierras están agrupadas en forma perfectamente circular. Eso es por una cuestión energética, las raíces de las plantas están entrelazadas, son un foco energético muy fuerte. Ese polo interactúa con nuestro ser y nuestro cuerpo físico incluso. Solamente estar deambulando ese territorio ya es medicina para nosotros.

Así como cuando nos agreden nuestros sentimientos cambian, nos enojamos y nos ponemos a la defensiva, el territorio también. Si bien los sentimientos del territorio no son iguales a los nuestros, sí se alteran los sitios. Su energía debe ser también protegida, nosotros nos ocupamos de eso. Cuando vamos a ofrendar a un sitio sagrado, vamos a alimentarlo de amor. Desde ese punto de vista es que los polos energéticos pueden ser tanto monte nativo como minerales específicos. La diferencia está en que, la mayoría de los sitios de monte, son puramente medicina y territorio de equilibrio, de amor. En cambio, los de minerales hay sitios que se comen el miedo del mundo, limpian la palabra, cuidan del equilibrio de las aguas o del viento.

¿Cómo relacionás la situación en Córdoba respecto a los bosques y a tu comunidad comechingón, con la situación a nivel país? ¿Se relacionan con otras comunidades que estén sufriendo situaciones similares?

Lamentablemente, no estamos pudiendo articular estos temas como quisiéramos. Las comunidades indígenas del país siempre repetimos que no somos grupos ecologistas. La diferencia está en que para nosotros el territorio, el monte, es el refugio de nuestra cultura, garantiza nuestro buen vivir, nuestra soberanía alimentaria y medicinal . Los derechos de las comunidades indígenas surgen de su relación con el territorio, sin ella no son tales. Si no levantamos la bandera de nuestro territorio, no estamos entendiendo para qué caminamos el planeta Tierra.  

Muchas veces nos atraviesan y dividen conflictos políticos sin sentido. Las comunidades nada tenemos que ver con las políticas partidarias o de estado. Nuestra acción es simplemente seguir el camino milenario que nos han marcado nuestros abuelos. El Estado argentino tiene muy poco tiempo comparado con la vida de las comunidades indígenas. El Pueblo-Nación Comechingón tiene 16.000 años ¿Qué son 200 años de Estado argentino ante 16.000 años de vida?

Más allá de eso, intentamos constantemente hermanarnos, seguir trabajando juntos, pero no podemos más que apelar a los derechos de las comunidades e intentar avanzar en derechos específicos. Muchas veces acciones de otros ámbitos han sido muestra de esto. Por ejemplo, en el año 2009 se trabajó para la Ley de Medios (N°26.522): tener medios propios para las comunidades indígenas es tener un micrófono donde hablar de estos temas, formar parte de esta batalla cultural como la llaman que se vive en el país. Nos hemos visto en luchas partidarias que no son nuestras pero ha sido necesario para poder dialogar de igual a igual con otros sectores y apropiarnos de esas mismas herramientas que muchas veces se usaron en nuestra contra: un libro, una radio, un noticiero. Es mucho más común que hablen mal de nosotros. Todavía hoy en día se repite sobre los malones indígenas, o se pinta a nuestros pueblos como los malos o los que vivimos en la miseria; o somos los que protestamos en las rutas o los que vivimos en el barro y la total miseria. Cuando en realidad los pueblos indígenas tenemos tanta belleza y tantas riquezas para mostrar que valen la pena.

Estamos convencidos de que la única forma de que se pueda construir una nueva sociedad y un nuevo hombre es con lo mejor que todos tenemos,  tanto las comunidades indígenas como la sociedad actual que tiene también tantas cosas ricas e importantes. Entendemos que hay que sumar también mediante el derribe de ciertos límites y fronteras sociales que nos han impuesto. De por sí, el Abya Yala, toda Latinoamérica, era una zona de acción hermanada. Y bueno, apareció la colonia y con ella un montón de límites. Fronteras, entre los ancianos y los nietos y entre los hombres y las mujeres, que antes no existían. Luchar en contra de esos límites es hacerlo por el buen vivir para todo el planeta, y en eso estamos las comunidades indígenas del país. A veces, no se entiende o no se habla de esto, pero es algo que las comunidades venimos haciendo desde siempre, a veces desde otros ámbitos; no siempre desde la lucha ecologista sino de leyes, de presencias en los ministerios de cultura o de trabajo. Caminamos hacia lo mismo: el buen vivir de los pueblos

fotos: Diario registrado / anoticiarte.com.ar