Mecanismos REDD: ¿Una estrategia de Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación de Bosques u otro maquillaje verde?

Todo el mundo sabe que los bosques son buenos para el clima, lo que hace que sea aún más importante que los gobiernos y la comunidad internacional hagan algo para protegerlos. Sin embargo, muchos de los actuales esfuerzos para vincular la conservación de los bosques con la mitigación del cambio climático están lamentablemente mal enfocados y es importante que se comprenda por qué.

Es así que los gobiernos reunidos en Bali para la 13ª Conferencia de las Partes (COP-13) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), decidieron abordar la Reducción de Emisiones producto de la Deforestación en los Países en Desarrollo (REDD) como parte de sus esfuerzos por mitigar el cambio climático. (CMNUCC, 2008)

Uno de los problemas vinculados al tema REDD está asociado a la deforestación que es por supuesto una parte, pero el tema principal sigue siendo el de las emisiones de combustibles fósiles que están destruyendo el clima del planeta. Las emisiones de combustibles fósiles no sólo son mayores en volumen, sino también diferentes en su tipo, teniendo un impacto mucho mayor sobre el cambio climático. Mientras es absolutamente cierto que los países del Norte son los principales culpables del cambio climático, ello no significa que puedan quitarse de encima esa responsabilidad a través de financiamiento para “reducir” la deforestación o, peor aún, a través de un mecanismo de mercado de carbono vinculado a los bosques, que les permita “compensar” sus emisiones de combustibles fósiles en otro lugar.

Los esfuerzos por reducir las emisiones provenientes de la deforestación y la degradación, que se están discutiendo en las negociaciones pos-2012, deben ser remplazados por un mecanismo que detenga la deforestación. Los gobiernos ya se han comprometido en ese sentido en la Convención sobre el Cambio Climático y en otros acuerdos como el Convenio sobre Diversidad Biológica. Los esfuerzos para alcanzar esta meta deben fundarse en un enfoque ecosistémico y de justicia climática, así como de respeto de los derechos y el papel de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales.

En este contexto, la Dirección de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, basándose en las premisas del Banco Mundial, ha presentado en enero de este año un documento borrador para planificar su estrategia para reducir las emisiones de carbono causadas por la deforestación y la degradación de los bosques (REDD) Durante los últimos meses, convocó a algunas ONGs a reuniones de consulta sobre la futura implementación de mecanismos REDD en Argentina.

Amigos de la Tierra fue convocada para participar de estas reuniones, una instancia positiva para poder plantear lo que vemos desde nuestra perspectiva y nuestro posicionamiento en contra de esta clase de propuestas que, lejos de beneficiar al ambiente y a los que lo habitamos, resulta otra vía directa para que los países del Norte continúen desarrollando un modelo económico injusto e insustentable para el resto del planeta.

En conjunto con otras ONGs, como FARN, Greenpeace y Vida Silvestre Argentina, hemos debatido el documento y llegamos a puntos de acuerdo para hacer señalamientos a SAyDS. Sin embargo, existen algunas cuestiones que no están especificadas en los mecanismos en torno a REDD en todo el mundo, como tampoco en la propuesta argentina, que resultan definitorios para que este tipo de proyectos sean eficaces, y que nos distancian de otros puntos de vista.

La primera es que no está definido si las plantaciones podrían estar o no incluidas en REDD, lo que significa que los monocultivos de árboles –eucaliptos, pinos, acacias, palma aceitera y otros- serían contabilizados como bosques y su expansión sobre los verdaderos bosques podría ser incluso subsidiada a través del dinero de REDD. Si bien el Protocolo de Kyoto considera a las plantaciones industriales de árboles como bosques, esto es un error grave. Las plantaciones no son bosques; no son ecosistemas diversos sino vacíos de biodiversidad. Esta definición pone en peligro a Pueblos Indígenas, a las personas dependientes de los bosques, a los campesinos, pequeños productores, a la biodiversidad y exacerba cambio climático. Las plantaciones industriales de árboles afectan el clima, además de que bosques y prados tropicales almacenan apreciablemente más carbón. En todos los casos, la masiva conversión de bosques en plantaciones de árboles no sería considerada como deforestación porque – de acuerdo con la definición- el área aún estaría cubierta por (un tipo distinto de) “bosque”.

La segunda tiene que ver con que la propuesta REDD no funcione como un mecanismo de mercado. La financiación de REDD a través del comercio de carbono podría aumentar las emisiones de las fuentes de combustible fósil y los créditos REDD podrían inundar los mercados de carbono existentes con las graves consecuencias que eso implica. Al mismo tiempo, los mercados de carbono son complejos y susceptibles a las presiones de las corporaciones. Resulta inadmisible que los proyectos REDD queden sujetos a la volatilidad de los mercados, con la posible consecuencia de la pérdida de soberanía nacional sobre los recursos naturales.

Un mecanismo REDD basado en un mercado de carbono resultaría en un constante incremento en la cantidad de carbono en la biósfera, puesto que permitiría que los países del Norte “compensaran” sus emisiones de carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles a través del pago a países del Sur por “evitar” la deforestación de un área de bosque que contenga la misma cantidad de carbono que el liberado por el uso de combustibles fósiles. El resultado sería una falsa “neutralidad en carbono” que sería utilizada como justificación para evitar la necesidad imperiosa de reducir las emisiones de combustibles fósiles.

Existen otras fuentes posibles de financiamiento que no dependen de las contribuciones voluntarias del Norte ni de los mercados de carbono. Éstas incluyen, por ejemplo, el impuesto al consumo de combustibles fósiles y /o los dineros que se liberan en los países desarrollados al eliminar los subsidios a la energía de los combustibles fósiles. Éstas serían opciones que realmente implicarían ganancias, ya que también significan en sí mismas una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El enfoque REDD está implícitamente basado en la premisa de que los mercados –y no los gobiernos- son quienes deciden sobre el futuro de los bosques. Sin negar la importancia de los mercados, lo opuesto está más cerca de la verdad. Son los gobiernos –tanto del Sur como del Norte- quienes -a través de políticas, leyes y reglamentacionesestablecen las condiciones que determinan que los bosques sean destruidos o conservados.

Por otra parte, la implementación en nuestro país de propuestas REDD resulta delicada ya que no son precisas cuáles serían las posibles actividades financiadas con un fondo proveniente de la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección del Bosque Nativo (Ley 26.331) y cuáles por medio de potenciales sumas destinadas a un Mecanismo REDD. Al día de hoy no está ejecutado el presupuesto destinado para la Ley de Bosques y sin una correcta conformación y distribución de los fondos, la aplicación de fondos REDD haría aún más compleja la plena aplicación de la norma y no sería efectiva para reducir la deforestación. Otra motivación más para evitar que estos proyectos se implementen.

¿Qué es REDD?

Como la deforestación es una de las principales causas de las emisiones de gases de efecto invernadero, los gobiernos consideran que frenar la deforestación es una forma “barata” de reducir dichas emisiones y de estabilizar bastante rápido la concentración de CO2 en la atmósfera. En particular, están discutiendo una propuesta sobre Reducción de Emisiones debidas a la Deforestación y la Degradación de Bosques en los Países en Desarrollo, conocida como REDD.

La idea básica es crear un incentivo positivo para que los países en desarrollo con bosques tropicales reduzcan sus niveles de deforestación, recompensándolos financieramente por hacerlo. Los gobiernos acordaron seguir trabajando sobre REDD en 2005, luego que la ‘Reducción Compensada’ fuera propuesta formalmente por Papúa Nueva Guinea y Costa Rica, en representación de un grupo de países ahora conocidos como la Coalición de Países con Bosques Tropicales (CfRN por su nombre en inglés).

Hay mucho entusiasmo en torno a REDD, tanto entre los gobiernos como entre algunos sectores de la sociedad civil. Esto se debe en parte a las decenas de miles de millones de dólares que, según los investigadores, dicho sistema podría generar, dinero del cual muchos países, empresas y comunidades esperan poder beneficiarse.

REDD también es considerado por algunos países industrializados y ONG estadounidenses como una forma de llevar a países en desarrollo más importantes a la mesa de negociaciones sobre el cambio climático, ya que REDD sería una de las llamadas ‘acciones de mitigación apropiadas a nivel nacional’ (NAMA por su nombre en inglés) que los países en desarrollo podrían emprender.

REDD también es promocionado como una opción en la que todos ganan, gracias a los denominados “beneficios colaterales”: muchos sostienen que, además de ayudar a mitigar el cambio climático, REDD podría contribuir a paliar la pobreza, proteger la diversidad biológica y conservar los acuíferos.

Sin embargo, que REDD logre realmente generar esta amplia gama de resultados positivos depende de la forma en que se obtengan, manejen y distribuyan los fondos REDD, y de que sean resueltas algunas dificultades técnicas importantes.

Global Forest Coalition