Lo que la Haya no resolvió ni resolverá

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Más allá de un fallo que era previsible es necesario seguir enfrentando la amenaza a nuestras sociedades y ecosistemas, provocadas no sólo por la continuidad del funcionamiento de la planta de celulosa sino también porque desde los gobiernos de la región se seguirá estimulando la plantación de grandes extensiones de monocultivos forestales en tierras aptas para agricultura, pastoreo y ambientes nativos. Un plan de inversión regional perpetrado hace varios años que está causando la pérdida de biodiversidad de toda la región y afectando a los modos de vida y producción locales.

El modelo foresto industrial que se ha instalado en la Cuenca del Río Uruguay, avalado por los tres países que la comparten, sigue avanzando a pesar de las masivas manifestaciones y advertencias de miles de ciudadanos y organizaciones socioambientales y ecologistas brasileras, uruguayas y argentinas. Provincias como la de Corrientes se muestran interesadas en atraer estos proyectos y en la de Misiones  avanzan los desmontes sobre la selva para abastecer a las industrias locales de celulosa. En Uruguay la compañía sueco-finlandesa Stora Enso, ha comprado y forestado praderas con pinos y planea instalar otra mega fábrica de celulosa. La misma empresa que en Brasil profundiza su política de expansión forestal e industrial a pesar de la resistencia de organizaciones populares y varios conflictos en su haber.

Resulta indignante constatar que tanto los gobiernos de los llamados “países desarrollados” con la complicidad de los gobiernos locales, así como de las instituciones financieras internacionales, promuevan proyectos altamente contaminantes y dañinos alegando  beneficios que resultan mínimos y no compensatorios, tales como la creación de algunos puestos de trabajo.

Exigimos a los gobiernos de los países del norte y en particular a los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay que no promuevan inversiones ni proyectos que dañen los bienes sociales, culturales y naturales de las comunidades del Sur y se promuevan formas alternativas de sustento basadas en la participación, la integración y el respeto por los ecosistemas y por las formas de vida tradicionales.

Las ganancias y producción que este modelo genera y promueve sólo servirán para estimular el sobreconsumo y enriquecer a los mercados de capital de los países del Norte mientras que los impactos negativos se seguirán sintiendo en el Sur, y ante esto, la Corte de La Haya no resolvió ni resolverá nada.

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