Las consecuencias de una Ley de Bosques ilusoria

Durante el mes de febrero, la provincia de Córdoba se vio directamente afectada, y continúa aún en emergencia, por las devastadoras inundaciones que acontecieron en la zona de las Sierras Chicas. En una provincia donde queda menos del 5% del bosque nativo original, donde grandes y medianos emprendimientos inmobiliarios y productivos se abren paso a sus anchas sin el consentimiento de la población, el agua no hará más que fluir como por un tobogán y desembocar, como ocurrió en este caso, directamente en las viviendas de los vecinos. Las respuestas a las múltiples preguntas de por qué sucedió todo tan rápida y ferozmente, las encontraremos mirando más hacia nuestra tierra que cuestionando la cantidad de agua que cayó desde el cielo.

Conversamos con Fernanda, una de las integrantes de la Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos de las Sierras Chicas de Córdoba (1), quien nos fue explicando la situación que se vivió y se vive en esa región.

Desde la Coordinadora, nuestra intención con la salida del comunicado del 16 de febrero fue tratar de despegar lo que algunos políticos o medios salieron a decir. Según el gobernador de Córdoba, la inundación fue un tsunami del cielo, por ejemplo. Y la forma en que muchos medios comunicaron el tema de la catástrofe natural, que de natural tiene poco.

Históricamente en Sierras Chicas tenemos el problema de la sequía. Ya con ese tema veníamos exigiendo instancias de participación y explicando que cuando llueve al agua la absorbe la montaña. Ahí es donde el bosque nativo cumple tres funciones principalmente: 1, de amortiguar el agua con su vegetación; 2, de absorber ese agua, y 3, de sostener las raíces agarrando los terrones de tierra para que después no se deslicen.

Con su función de esponja, el bosque nativo absorbe el agua que luego pasa por la tierra, fluye hacia la capa dura de piedras y vuelve lentamente a la superficie por las vertientes que terminan en los ríos y esa es el agua que finalmente tenemos.

Entonces, si se impermeabiliza el suelo porque se desmonta, porque se incendia o se hace una urbanización, el agua no es absorbida y se pierde esa función de “tanque” de la montaña y luego no tenemos agua en época de sequía.

Lo que veníamos advirtiendo por la falta de agua en los últimos años, sobre todo con el avance de los loteos, grandes urbanizaciones, canchas de golf, sirven como mismo argumento para el tema de las actuales inundaciones.

Por la falta de vegetación, toda esa agua que cayó en febrero y no se absorbió en el suelo de las sierras, bajó a las ciudades, con la energía del efecto de un tobogán por el desnivel geográfico, y por eso resultó tan virulenta la inundación.

Lo dice el sentido común y lo confirman los estudios científicos, si hubiera habido mayor cubierta vegetal en las sierras no hubiera sido tanta agua la que terminó desembocando en las ciudades.

El agua acá no es la que sale de la canilla, es la que nos da la montaña. Si no la cuidamos no vamos a tener agua y nos vamos a inundar también.

Inundación de febrero de 2015 en Villa Allende, Sierras Chicas, Córdoba.

Desde la Coordinadora somos propositivos, y dentro de esas propuestas está que se reglamenten las once reservas hídricas en las sierras, cada una a nivel municipal. Los grupos de organizaciones o vecinos llevan cartas a la intendencia o al consejo deliberante de su lugar. Reglamentar las reservas implica que cada municipio le asigne recursos y eso es lo que no se está logrando. Y a nivel provincial, de la legislatura de Córdoba, que se haga un corredor hídrico común de protección de todas las Sierras Chicas, desde el nacimiento mismo de los ríos.

Hay muchos marcos legales. La Ley de Bosques de Córdoba existe pero realmente deja bastante que desear. Se terminó sancionando de imprevisto, ignorando un trabajo participativo exhaustivo que había sido realizado por organizaciones, científicos, universidades y la Comisión de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (COTBN).

Aún así como está hoy, protege determinadas áreas pero, por ejemplo, puntualmente tenemos un loteo en Sierras Chicas que está en zona roja de la Ley, y aún así avanza. Hay leyes buenas, malas, regulares, nefastas, pero si el vecino no participa, no se informa, no se respetan esas leyes tampoco.

La situación tiene varias aristas. Hay muchos municipios que no tienen definido su radio urbano y entre ellos hay zonas grises, que dependen de la provincia. Como ningún municipio se hace cargo hay emprdenimientos inmobiliarios que aprovechan para instalarse ahí. Por otro lado hay municipios perfectamente definidos pero que no tienen ordenanzas para impedir la radicación de por ejemplo un country. No todas las ciudades tienen ordenanzas de uso de suelo, códigos de edificación, o algunos son muy viejos. En muchos casos existen, pero no son participativos: no interviene la ciudadanía para ver si va a pasar una ruta por acá o por allá, hacia dónde va a crecer su ciudad. Son cosas que deciden los funcionarios municipales o provinciales, o los mismos empresarios de los desarrollos. Es muy complejo.

Ahí está el rol del ciudadano común, ama de casa, maestra, empleado, que tiene que ir a su municipalidad, informarse, ver qué pasa y exigir participación. Creemos que la respuesta siempre la tiene la ciudadanía, con su participación y movimiento, es su derecho y obligación.

Referencias:

1. La Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos de las Sierras Chicas es una red independiente y apartidaria de vecinas/os y organizaciones comunitarias, sociales, ambientales, y culturales del cordón oriental de las Sierras Chicas, movilizados por las problemáticas y la construcción de propuestas en torno a la soberanía de los bienes comunes en la región.