La deuda originaria de Argentina

Los conflictos que vinculan a las poblaciones indígenas siguen acumulándose en nuestro país. Ya no pueden omitirse ni disfrazarse: son un acto de discriminación.

Así lo demuestran la indiferencia oficial al Acampe QOPIWINI, establecido desde febrero en pleno centro porteño en reclamo por los derechos y tierras de sus comunidades, y el reciente juicio a Relmu Ñamku, dirigente mapuche acusada de herir a una fiscal en un intento de desalojo perpretrado por intereses petroleros.

Éstos, entre muchos otros casos, demuestran que hace falta mucho camino para que un país tan diverso y multicultural como el nuestro lo sea de verdad.

Aunque estos conflictos parecen aislados en el territorio ambos comparten la misma raíz coyuntural: el extractivismo y el acaparamiento de tierras.


En el norte por la soja


A partir del 14 de febrero los porteños empezaron a convivir con el Acampe QOPIWINI. En en el cruce de Av. 9 de Julio y Av. de Mayo representantes de las comunidades Qom, Pilagá, Wichi y Nivaclé se instalaron para dejar de ser invisibles al poder. Así, muchos compatriotas conocieron la lucha de estos cuatro pueblos formoseños, aunque otros tantos aún no se enteraron. 


Sin embargo, los intereses de terceros por las tierras indígenas son tan fuertes que ni siquiera en un año de campaña electoral se logró obtener una respuesta, sólo algunas dudosas promesas. Y es que tales intereses mueven millones de dólares en torno al famoso poroto de soja, que es quien en definitiva termina conquistando las tierras fértiles del monte, desalojadas y deforestadas previamente.


No bastan las conmovedoras conferencias del Qarashe Félix Díaz, los petitorios entregados ni la represión y muertes que siguieron padeciendo en sus comunidades. Van ocho meses ya, se acerca un balotaje presidencial, y es como si el acampe fuera parte del paisaje.

Nos avergüenza como argentinos y como seres humanos ver a integrantes y líderes de una comunidad originaria, cargada de conocimientos ancestrales que la mayoría de los “civilizados” ignoramos, en las condiciones en que resisten dentro una carpa en la ciudad capital de nuestro país.


Hace unos días atrás, Félix expresaba que “la vida no vale ni un centavo. La vida es la vida, y es sagrada”. Y esa es una sensibilidad que los dirigentes políticos parecen carecer, demostrando por sobre todas las cosas la codicia y la desidia. 

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(Foto: Prensa QOPIWINI)


En el sur por el petróleo

 

Hace unos días atrás, finalmente Relmu Ñanku, Martín Velázquez Maliqueo y Mauricio Rain fueron declarados “no culpables” en el juicio al que fueron sometidos luego de los episodios del 28 de diciembre de 2012. La petrolera Apache, hoy parte de YPF, había logrado una orden de desalojo contra el Lof Winkul Newen en Zapala, Neuquén, que impedía la operación de dicha empresa.


La compañía norteamericana quizo irrumpir junto a sus empleados en territorio mapuche con la fiscal Verónica Pelayes, dos policías y una retroexcavadora. Al intentar avanzar desencadenaron un enfrentamiento que dejó a la fiscal herida con una piedra y abandonada por sus acompañantes, con lo que se inició una persecución judicial y social con claro tinte racista a la comunidad y sus representantes.


La dirigente Relmu Ñamku fue acusada así, de “Tentativa de Homicidio Agravado” por defender a su comunidad y su territorio del avasallamiento y la contaminación de una empresa petrolera. Esto demuestra nuevamente hacia qué lado se inclina la justicia en épocas en que dominan los intereses corporativos.


“Me quieren condenar por ser pobre, india y mujer” expresó durante el juicio, que finalmente fue llevado a cabo durante ocho días por un jurado de doce miembros, seis de ellos mapuches.


La falta de pruebas y declaraciones confusas por parte de los petroleros devino en el incuestionable resultado positivo. En la cobertura de Amnistía Internacional, Darío Kosovsky, abogado de la comunidad, señaló: “El pueblo tiene una sabiduría que muchas veces la justicia no tiene. La decisión del jurado es una señal de esperanza y una reivindicación histórica para el Pueblo Mapuche”. Y anunció que la condena por “Daño Simple” la apelarán.


Frente a áreas que parecen “zonas de sacrificio” las comunidades surgen como defensores inexpugnables del territorio, y el apoyo que van generando y recibiendo desde la sociedad en general es lo que permite que se eviten este tipo de “juicios ejemplificadores” para los luchadores sociales. 


Ambos casos son un claro ejemplo de la altísima vulnerabilidad que rodea a nuestros pueblos originarios y sus derechos, así como del intento permanente de anular sus voces, nuestras raíces.