La COP 21: Diagnóstico y tratamiento desde los pueblos

Este año la COP (Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ) se encuentra reunida en París desde el 30 de noviembre. El desajuste climático ya no necesita demostración. Hace años la humanidad se debate ante la mayor amenaza de la historia: el calentamiento global. Y esta crisis climática es además una crisis social, económica, política, alimentaria, energética y ecológica: una crisis sistémica.

Derechos Humanos, Justicia Ambiental y Crímenes climáticos

No podemos omitir que es también una crisis con implicancias graves en Derechos Humanos: la ONU prevé para el año 2050, doscientos cincuenta millones de refugiados ambientales, esto es personas desplazadas por diferentes consecuencias climáticas como sequías, inundaciones, tormentas y otras afectaciones relacionadas (1)

Desde nuestros tempranos años escolares nos enseñan a separar los ámbitos de pensamiento, lo social de lo natural. Pero si miramos atentamente desde una perspectiva sistémica, como nos impone la perspectiva ambiental, podemos relacionar la historia humana con el sistema tierra y ver las diferentes conexiones entra la dominación económica, la injusticia social y ambiental y las problemáticas ecológicas que ya adquieren dimensiones geológicas.

Si bien los impactos de estas crisis son evidentes a nivel planetario, es en el sur global donde las consecuencias se manifiestan de manera más extrema ante la mayor indefensión de su población. También es injusto el origen de las causas: si bien toda actividad humana incide en el medioambiente, los impactos se distribuyen de manera desigual. Sólo 90 empresas son responsables de más del 63% de las emisiones mundiales de gas de efecto invernadero producidas desde 1850. (1)

Hoy la disputa está clara entre quienes quieren seguir contaminando, quienes quieren contaminar más y los pocos que quieren dejar de hacerlo. Por un lado Estados y oligarquías que están entre el 5% más rico del planeta y por otro los pueblos y regiones más afectados, que sin embargo, contribuyen en mayor medida a atenuar los efectos del calentamiento global de las poblaciones ricas. Y lo hacen de manera gratuita, siendo acreedores de una deuda ecológica muchas veces mayor que las deudas externas que sojuzgan economías nacionales enteras.

Los contaminadores saben bien que por cada tonelada de carbono liberada a la atmósfera habrá miles o millones de desplazados y víctimas. Por eso sostenemos que estas emisiones merecen la calificación de crímenes climáticos.

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La COP 21, un diagnóstico antes de empezar

Según Pablo Solón (2) “El Acuerdo Climático de París no es más que una remake del Acuerdo de Cancún que ha fracasado estrepitosamente por sus contribuciones voluntarias que responden más a los intereses de las grandes corporaciones y los políticos que a las necesidades de la humanidad y la vida en la tierra”. Numerosas organizaciones ambientales nos hemos posicionado denunciando que estos procesos han conducido a la privatización, financiarización y mercantilización de la naturaleza, evitando atender las causas estructurales del cambio climático (3)

Las actuales Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC) que se propondrán en París nos encaminan hacia un calentamiento global promedio de 3,5°, que claramente provocará un desastre climático. Hasta el momento, los Gobiernos ricos no han contribuido la porción que les corresponde para reducir las emisiones mundiales y detener el calentamiento global medio por debajo de 1,5 grados. Además, no están incorporando un compromiso para la eliminación progresiva y a tiempo de los combustibles fósiles lo antes posible (a más tardar en 2050). Esto implica limitar la extracción de combustibles fósiles y una transición rápida a otros tipos de energías renovables. Además el acuerdo de París no garantiza detener la deforestación, actividad que genera el 17% de las emisiones mundiales. Ni tampoco garantiza un compromiso financiero suficiente para colaborar con los más afectados y los que ya están experimentando pérdidas y daños graves.

Todo este cuadro no se da solamente por la inacción de los gobiernos: ocurre por intromisión directa de las grandes corporaciones en la ONU, lo que suele llamarse “captura corporativa” es una tarea faraónica para los activistas comprometer a colaborar en esta tarea a políticos que buscan resultados eleccionarios a corto plazo, científicos comprometidos con las grandes empresas o ciertas políticas de gobierno y ni hablar de empresas que buscan ganancias inmediatas. “Quien paga, manda; y la numerosa tecnocracia jamás escupe en el plato donde se come” escribió alguna vez Eduardo Galeano. Las grandes empresas e instituciones financieras internacionales promueven, junto con algunos gobiernos, marcos institucionales para avanzar sobre los territorios, estos marcos con forma de tratados, acuerdos y otras legislaciones comerciales se constituyen como una herramienta que garantiza la impunidad en el accionar de los grandes grupos económicos.

Por último nos quedan los espejitos de colores o falsas soluciones, que los actores antes mencionados promueven y buscan profundizar en París: mercados de carbono, transgénicos, agrocombustibles, REDD, fracking, centrales nucleares…entre otros brillantes inventos para “mejorar” la situación ambiental, siempre haciendo buenos negocios.

El tratamiento: otros mundos posibles

Para hacer frente a esta crisis múltiple debemos salir del catastrofismo y luchar por las alternativas para el Buen Vivir o Iniciativas de sustentabilidad, existentes o por existir. Es necesario aclarar ahora que cuando las organizaciones socioambientales hablamos de sustentabilidad, lo hacemos en el sentido más profundo del término: la sustentabilidad de la vida en este planeta.

Una transición rápida es posible y es la única opción para salvaguardar la vida en todo el globo. Hoy existen las opciones. Las tecnologías están a nuestro alcance. No se trata de megaproyectos hidroeléctricos, nucleares o de otro tipo. La energía solar, eólica y otras iniciativas a pequeña escala son perfectamente plausibles.

No sólo hay que parar la deforestación sino reparar los ecosistemas dañados por la agricultura industrial. Frente a esta agricultura asesina, la agricultura campesina y agroecológica es una opción real y además, con sus metodologías más sanas, enfría al planeta.

Es necesario también detener las persecuciones a los luchadores y defensores de la Madre Tierra. Necesitamos iniciativas que descentralicen el poder y construir una democracia real.

Es en esta ocasión, donde dando cuenta de todas estas necesidades, necesitamos que los gobiernos de los países ricos se comprometan a reducciones drásticas en base a su responsabilidad histórica de contaminadores y su capacidad para transformarse. Y que el resto de los participantes gubernamentales haga esfuerzos acorde, porque la Convención no puede ser testigo inerme de crímenes de tal magnitud.

1- “¿Todos responsables?” C. Bonneuil – Le Monde Diplomatique version cono sur, p 32.
2- https://pablosolon.wordpress.com/2015/11/11/cop21-un-nuevo-disfraz-para-un-viejo-acuerdo/
3- Declaración de Orgs y Movs Sociales de ALC hacia COP 21