Fuera OMC: ¿Cómo construir alternativas populares al extractivismo?

Hoy, 11 de diciembre, en el Foro de Bienes Comunes de la Semana de Acción Fuera OMC, tuvo lugar el panel “Alternativas al extractivismo desde los pueblos” que conjugó visiones y experiencias de Argentina, Brasil y Bolivia a la hora de luchar contra la depredación corporativa de los recursos naturales.

La charla la comenzó la presentadora Gabriela Merlinsky, del instituto Gino Germani, con una cita de Gustavo Steva, sobre la primera utilización de la palabra “subdesarrollo”, en boca del ex-presidente estadounidense Harry S. Truman.

Ese día, dos mil millones de personas se volvieron subdesarrolladas. En realidad, desde entonces dejaron de ser lo que eran, en toda su diversidad, y se convirtieron en un espejo invertido de la realidad de otros; un espejo que los desprecia y los envía al final de la cola.

Se planteó entonces que el camino tiene que ser otro que el del desarrollo por el que hoy bregan los gobernantes en la XI Cumbre Ministerial de la OMC; como si ignorasen que, desde la creación de ese organismo, y a pesar de sus supuestos objetivos originales, ningún país superó la barrera de ser considerado “sub”.

foro de bienes comunes

Un ejemplo práctico

El panel continuó con un ejemplo muy concreto de lo que implica la defensa de los bienes comunes, y sus riesgos. Sofía Astelarra presentó el caso del Observatorio de Humedales del Delta, una organización que viene luchando contra los estragos ambientales que el mega-proyecto inmobiliario de la empresa Colony Park produjo en la primer sección del Río Paraná. Y por la defensa del modo de vida isleño de las familias que hace cinco generaciones viven allí y cuyos hogares la empresa incendió y arrasó. “El Delta está siempre en formación y las familias sienten que son parte también de ese crecimiento. De hecho, ellos como trabajadores del junco fueron colaborando con la creación de nuevas tierras. Entonces surge la pregunta: ¿por qué apenas surge nueva tierra ya se empieza a privatizar?”, cuestionó Astelarra.

La organización es  un ejemplo paradigmático de lucha porque logró frenar el proyecto. Hoy trabajan en evitar que la remediación ambiental corra por parte de la empresa, como suele suceder, y se reactive la obra. Por eso, presentaron un plan de remediación propio ante la justicia, “adelantándonos al debate que se viene de cómo el capitalismo ha ido convirtiendo la sustentabilidad en un capitalismo verde, cosa que sucede también en el mercado inmobiliario”, explicó, y describió el enfoque comunitario del plan que, de aprobarse, sentará jurisprudencia en materia ambiental.

Alternativas en camino

Ante la necesidad de difundir estas experiencias,  se habló de construir una visión de mundo que pueda contenerlas y que deje atrás las miserias del modelo extractivista actual. Gustavo Belisário (de Insurgencia, Brasil) compartió su experiencia con el eco-socialismo, al que definió con una metáfora: “estamos en un tren que va rápidamente hacia el precipicio. Necesitamos detener ese tren y acabar con ese rumbo. El ecosocialismo viene en pos de eso, de poner freno a la máquina capitalista de acumulación”. Definió como tareas la socialización de los medios de producción, del crédito, del suelo, del agua, de la energía y de la soberanía alimentaria. “Hablamos de una organización democrática que logre que los trabajadores controlen los frutos de la producción. Debemos tomar todo eso y decir ‘ésos  no son los medios que queremos para nosotros. Ahora la energía va a ser por recursos renovables’”. Remarcó también la necesidad de reducir el trabajo y la producción a las necesidades reales de la sociedad, no de la ganancia. Y liberar en cambio a las personas: “en Brasil hablamos mucho de ‘demarcación de las tierras indígenas’ ¿ porque no hablamos de devolución de las tierras indígenas?”.

Lo siguió justamente Mario Quinteros, de la Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita, y de Marabunta, que compartió su experiencia en Amaicha, Tucumán.  “Describo a mi sociedad con características muy parecidas a las de cualquier sociedad campesina. Elegimos nuestras autoridades tradicionales, particularmente el cacique. Sin embargo hablamos la lengua castellana, somos empleados estatales, somos agricultores, somos ganaderos, tenemos la propiedad comunitaria. Desde ese espacio vemos como nos impacta la comunidad capitalista”, dijo. Y advirtió: “no se puede concebir solucionar la cuestión ambiental si pretendemos modificarla sin poner en cuestión a la sociedad capitalista”.

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Cuestionar el capitalismo y más, continuó Pablo Solón, de Fundación Solón (Bolivia).  Expuso la necesidad de construir propuestas integrales, a las que llamó “Alternativas sistémicas”. Y cuestionó incluso el nombre de “Bienes comunes”, por su antropocentrismo: “Prefiero llamarlo los comunes, y no bienes comunes. Cuando dicen que el aire es un bien común, yo creo es un error. Los comunes son procesos que existen más allá de los problemas humanos”. También sobre la necesidad de un pensamiento integral habló Maristella Svampa, investigadora del Conicet, que expuso la necesidad de un paradigma relacional ante esta “crisis civilizatoria”.

Uniendo  propuestas

Además de la solidaridad en la lucha, dos ideas marcaron fuertemente el panel. La primera, es que no estamos empezando de cero. Las propuestas actuales deben ser mejoradas y transformadas, pero hay experiencias previas de dónde tomar ejemplos. Las comunidades indígenas, las afroamericanas, el eco-feminismo, el eco-socialismo, todos tienen saberes y formas de vida con las cuales colaborar a la propuesta. Solón aportó que ”cada enfoque contribuye a la construcción de alternativas sistémicas, cada uno con sus fortalezas y debilidades. Y lo más importante es detectar sus debilidades; sino, no puede complementárselo con las otras propuestas”.

Por eso, se invitó a la solidaridad en las luchas (en especial con las comunidades indígenas reprimidas actualmente en la Patagonia), pero también en el saber: “El gran desafío es elaborar un saber experto, independiente del poder, interdisciplinario pero también dialógico con los sectores subalternos y comunidades afectadas”, explicó Svampa. Y demostró que la transición no va a ser fácil con algunas estadísticas de la región. Las mismas que dejan en ridículo a los supuestos esfuerzos de la OMC tras años de sus intervenciones en nuestro territorio: América Latina continúa siendo la región más desigual en distribución de los ingresos, y el acaparamiento de la tierra registra aquí su máxima expresión. La mayor parte de los asesinatos a activistas ambientales (el 60%), fue en Latinoamérica.

Pero también, y aquí yace la segunda idea, las recompensas también pueden ser enormes si las soluciones son integrales: el extractivismo, el capitalismo, el antropocentrismo, el machismo, la lgtb-fobia, el racismo y muchos otros malos sociales forman parte de un mismo tejido. Pero hay que cuidarse de no usar los mismos hilos. Advirtió Solón que: “el extractivismo existió antes del capitalismo y no morirá con él. Y el produccionismo también es un problema porque la mayor parte de la izquierda, de donde provengo, es también produccionista”.

Se trata entonces de entender que el planeta es finito, y que por lo tanto la producción y el consumo deben también encontrar sus límites si es que se quiere seguir manteniendo la vida en el planeta. Hay que cuestionar “la matriz antropocéntrica y el derecho del hombre a instrumentalizar la naturaleza y el conjunto de los seres vivos a su servicio. Creemos en un paradigma relacional, una racionalidad o ética ambiental nueva basada en la eco-dependencia”,  sumó Svampa, última en exponer.

Tras el momento de preguntas, la mamá de Lonko Fernando Jonés Huala cerró el panel. Su presencia, con su hijo preso por combatir el extractivismo y el desalojo indígena, fue ejemplo de lo que implica este compromiso: “Estamos pidiendo al estado que lo libere y que deje de perseguirnos. Pero también le estamos diciendo que no vamos a dejar de defender el territorio, nuestra madre, nuestra tierra”.