Cierra la semana de acción contra el G20. La lucha sigue.

El 30 de noviembre, mientras el show del G20 se desplegaba por los medios, los pueblos resistimos en confluencia. En una ciudad que las autoridades planeaban vacía y militarizada, logramos reunirnos para marchar contra aquellos que promueven la desigualdad programada y esperan, mientras destruyen los recursos del mundo, seguir apropiándose de los nuestros. La manifestación fue el corolario perfecto para la Semana de Acción contra el G20, gestada en la Cumbre de los Pueblos contra los intereses depredativos de las grandes potencias mundiales.

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La jornada comenzó con detenciones arbitrarias (como de costumbre). Los referentes de izquierda, Patricio del Corro y Guido Pitonesi fueron detenidos por poseer handies -equipo de utilización usual en las marchas, dado que en las multitudes suele fallar la conexión de los celulares-, a pesar de presentar papeles y de que se secuestró el inofensivo equipo. Frente a quienes buscan justificar la represión a cualquier costo y motivo, la movilización denunció el hecho y continuó.

La marcha inició en San Juan y 9 de julio, para llegar al Congreso. No faltaron representaciones originales de los peligros que denunciamos. Figuras de Trump y Bolsonaro diciendo “¿Cambio climático? No lo creo” y “No te violaría porque no te lo merecés” justifican nuestra lucha eco-feminista. Una fuerza curiosa acompañaba a una figura de hierba en forma de virgen, elevada en una plataforma similar a aquella en la que llevan a la conocida estatuilla a Luján. “Es una procesión de plumero pampeano”, explicó una de las mujeres que blandía en alabanza los plumachos blancos de la típica cortadera. “Tiene propiedades anti-imperialistas”, continuó diciendo sobre esta planta, considerada una especie invasiva en Europa porque mata a las plantas foráneas en su alrededor.

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A medida que la marcha se acercaba a Plaza Congreso, la sensación era la de estar cayendo en una trampa. Todas las calles transversales estaban valladas, cada valla con decenas de policías expectantes atrás, y entre uno y tres camiones hidrantes. Cabe la pena preguntarse cuánta gente más se hubiera manifestado de no haber sido por esta avanzada del miedo, propiciada por la Ministra de Seguridad, quien afirmó a los porteños que, mientras el G20 mandase, lo mejor para ellos era abandonar su propia ciudad. Y, por supuesto, si se hubieran habilitado los transportes en vez de suspender trenes, subtes y desviar a los colectivos de la zona.

Ya una vez en el Congreso, las columnas se unieron y desde su enorme coraje y su pequeña contextura, el micrófono lo recibió Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo línea fundadora, y madrina de tantísimas luchas que buscan proteger los derechos humanos en la Argentina. “¿Están todos de acuerdo con que sea yo quien lea el documento?” preguntó a una multitud de manifestantes que la recibió con gritos de alegría.

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Desde su voz aumentada, Cortiñas celebró la “magnífica manifestación” y denunció desde su lectura la oleada de represión disfrazada de protección al G20, y la presencia en nuestro país del presidente estadounidense Donald Trump y del brasilero, “misógino y xenófobo”, Bolsonaro. Asímismo, marcó que el G20 y las recetas del FMI elevaban la necesidad de “La Cumbre de líderes del G20 reunirá grandes responsables de las estrategias de dominación de los pueblos y de la naturaleza, que tan nefastos efectos descargan sobre la política y la economía argentina, y la del mundo entero. Entre las consecuencias de los acuerdos del G20 y el pacto con el FMI, remarcó “una multitud de luchas, que van desde enormes pagos contra la baja salarial, resistencias a los despidos y a la intensificación del extractivismo, hasta las luchas feministas” y  la merma del sistema de salud pública.

El discurso terminó con el “ahora y siempre” dedicado a las víctimas de los enemigos de los derechos humanos, y con un “Fuera Trump y demás líderes imperialistas” cantado a coro por todos los manifestantes. Pero este acto no fue un cierre, sino sólo un pasaje más para una lucha de pueblos de identidades plurales, que denuncian la desigualdad desde hace años, que reunieron su propia cumbre en la última semana contra la del G20 y que seguirán resistiendo y alzando la voz ante la injusticia y por otro mundo posible.