Agua y neoliberalismo

No eres necesaria para la vida: eres la vida misma

Antoine de Saint-Exupéry, Tierra de Hombres

Vandana Shiva, en su texto fundador Las guerras del agua, considera que el actual concepto de privatización del agua tienes sus orígenes en la economía del cowboy. En el salvaje Oeste, tiempos de explotaciones mineras y de la expansión de Estados Unidos de América hacia el océano pacífico, surge la doctrina del “primer llegado” que otorgaba derechos absolutos de apropiación, incluso de vender y comerciar con las aguas[1]. La economía del cowboy significó el robo del agua a las culturas ancestralmente asentadas en dicho territorio, despreciando por un lado los ciclos hídricos de la naturaleza, su importancia ecológica y sus funciones para los territorios, y por otro negando y privando el acceso al agua a otras personas y comunidades. Los supuestos derechos absolutos de apropiación del agua por parte de los colonizadores les hizoconsiderar que podían drenar, contaminar, desviar, embalsar el agua para satisfacer sus propias necesidades privadas de lucro. De modo que la privatizaciónpuede ser entendida a la luz de la raíz del vocablo privar, que en ese entonces obligaba a todo aquel que se había adueñado del agua y no hacia uso de sus derechos, renunciar a ellos. La privación a otros en este sentido no sólo era un derecho, sino una obligación.

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Siglo y medio después, de la mano de Reagan y Thatcher, el neoliberalismo asalto el mundo, y el Consenso de Washington se convirtió en la fórmula para implementarlo en América Latina. Quizás el resultado más visible del modelo de privatización consistió en la transferencia de las empresas públicas de agua a manos privadas. Así, las Asociaciones Pública Privadas a través de los lineamientos políticos neoliberales y los créditos ya negociados con las Instituciones Financieras Internacionales, privatizaron los servicios del agua en la región. En este caso, la nueva frontera para conquistar no era el viejo oeste, sino los países en vías de “desarrollo”, cuyo avance ciego hacia triunfar nuevamente la “civilización” sobre lo “salvaje”.

Es ampliamente conocido los resultados de la privatización en nuestros países: monopolios inoperantes, con gestiones burocratizadas y corruptas. Mientras el libre comercio fue estupendamente aplicado a los pobres que tenían que soportar el desorbitado aumento de las tarifas y el empeoramiento de las condiciones del servicio, las empresas disfrutaban de la protección estatal al dejar que las poblaciones asumieran, ya sea con sus impuestos o por medio de la tarifa, el costo de las deudas adquiridas, al mismo tiempo que estas mismas corporaciones aumentaban su cobertura y decidían las prioridades de la inversión. De esta manera, se consolida lo que ha sido conocido como el cercamiento de los bienes comunes, en este caso, los hídricos.

No obstante, no es posible entender el avance neoliberal sin otro proceso ligado ala privatización, pero distinta a ésta, la mercantilización,entendida como la construcción de mercados para la compra y venta del agua. Un claro ejemplo de este proceso es el mercado mundial del agua embotellada que según la ONU no solo tiene un gasto anual de más de 80.000 millones de dólares, sino que tiene indices enormes de crecimiento mundial. Mientras que la privatización esta ligada a un proceso de privación y cercamiento, la mercantilización se vincula con la transformación de los bienes en mercancía para su intercambio económico.

Pero ¿cómo es posible transformar el don del agua en una mercancía para su intercambio? Sin entrar en detalles, para comprender la racionalidad neoliberal y su tratamiento del agua como mercancía, bastaría con examinar las contribuciones de la escuela austríaca en la economía. Su teoría subjetiva del valor, perspectiva absorbida por la economía dominante, hace desaparecer el trabajo como elemento primordial del valor, y considera que la utilidad es medida por la satisfacción del sujeto, y su bienestar relacionado con los bienes y servicios de los que puede disfrutar. No obstante, este vinculo entre el bienestar y el consumo de un “bien económico” no crece ilimitadamente ni siempre de la misma forma, no depende de una atribución objetiva o específica, ni resulta de una propiedad inalterable, ahistórica o universal, “depende justamente de la relación entre la valoración subjetiva en tanto deseo y concepción de la necesidad y el entendimiento individual de la disposición presente y futura de dicho bien.” (Seoane; 2017: pág 104)

No es de extrañar que el discurso ampliamente difundido por parte Foro Mundial del Agua[2], reuniones que tienen el único objetivo de generar negocios a través de la privatización y mercantilización del agua, se haya concentrado durante años en dos aspectos. Por un lado, en considerar el agua sólo como una necesidad, en detrimento de su concepción como derecho fundamental, asumiendo una supuesta exclusión entre las nociones. Por otro lado, subrayar insistentemente sobre la escasez del agua en el planeta y, por ende, el deber de administrarlo a través del mercado. Por lo tanto, el discurso hegemónico neoliberal a través de la concepción de la necesidad y la asunción de la carencia y escasez hídricaha construido un valor subjetivo del agua, convirtiéndola en mercancía e insertándola en los mercados.

En los últimos tiempos la más espectacular crisis del capitalismo desatada a finales del 2007 con el derrumbe del mercado de las hipotecas inmobiliarias estadounidense y sus efectos directos sobre el sistema bancario-financiero, consolida dos procesos paralelos considerados como soluciones a la inestabilidad económica. El capitalismo no sólo es el producto de la crisis, sino que se renueva a través de ella. Así los capitales especulativos de los países desarrollados, afectados por la recesión “reorientaba la inversión de capital hacia el control y apropiación de las reservas y territorios de bienes naturales en la periferia”(Seoane, 2017: pág 181). La ofensiva extractivista significó entonces la profundización y extensión de la privatización y mercantilización de los bienes comunes de la naturaleza -llamados ahora commodities-, que alcanzaron valores récords durante este periodo. De modo que en América Latina se realizó durante estos años un pasaje del Consenso de Washington, asentado sobre la valorización financiera, al Consenso de los Commodities, basado en la exportación de bienes primarios a gran escala (Svampa, 2013). Paralelamente, la economía verde se presentó no sólo como el tratamiento a la crisis financiera, sino la síntesis de la contradicción entre el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, a través de la liberalización económica, valorización y mercantilización de la cuestión ambiental.

La última frontera que ha intentado ocupar el modelo neoliberal es la propia raíz de lo salvaje, la naturaleza. Los resultados en torno al agua han sido nefastos. Mientras que el extractivismo profundizó otras formas de privatización del líquido vital, apropiándose desproporcionalmente de fuentes hídricas al mismo tiempo que las contamina, la economía verde desvirtúa nuestras relaciones culturales, místicas, solidarias y comunitarias con el agua. Estos procesos económicos alrededor del agua, bajo el modelo neoliberal, siguen impulsando la acumulación de los más poderosos. Igualmente, intentan reducir toda la vida a un valor de intercambio, una divisa para la especulación en los mercados financieros.

En la actualidad, la lucha por la defensa del agua es un reto enorme, frente a las crecientes amenazas que se ciernen sobre el líquido vital. Durante años, los pueblos se han esforzado por fortalecer los lazos de solidaridad y reivindicar el agua como derecho y sinónimo de vida, en diferentes espacios locales, nacionales e internacionales. Hoy, junto a ellos, reivindicamos el agua como esencial para la soberanía de los pueblos e íntimamente ligada con la salud de los territorios y la cultura, porque el agua es la vida misma, y la vida no se negocia.

[1]     La ley del “primer llegado” fue construido desde un lenguaje colonialista, ya que hace referencia a la llegada de los colonos descendientes europeos al Oeste. Este territorio a su vez representaba en aquel entonces, la frontera donde la civilización podía avanzar a costa de lo “salvaje”, como precisamente fue el caso con el exterminio de culturas ancestrales y opresión delas minorías étnicas amerindias.
[2]     El Foro Mundial del Agua (FMA) es una reunión trienal en la que participan jefes de Estado y de gobierno, representantes técnicos y ministeriales y empresas, una feria comercial para la negociación de contratos para la privatización del agua en el mundo, organizado por Consejo Mundial del Agua y financiado por el Banco Mundial.
Bibliografía
Harvey, David (2004). El Nuevo Imperialismo. Madrid, España. Akal Ediciones
Shiva, Vandana (2005). Las guerras del agua. Barcelona, España. Icaria editorial s.a.
Seoane, J. (2017). Las [ Re ] Configuraciones Neoliberales Ambiental. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ediciones Luxemburg.
Svampa, Mariestella (2013). “Consenso de los comodities y lenguajes de valoración en América Latina. Nueva Sociedad N.º 244, marzo-abril de 2013. ISSN: 0251-3552